
Mil y un objetos únicos y originales, recuperados del pasado y el olvido muebles de epoca, máquinas de escribir antiguas, estatuillas y bustos clásicos, teléfonos, relojes de cuco, molinillos de café, viejas gramolas, tesoros de valor sentimental, cambiaron el paisaje de Cardedeu, llenándolo de color y pintoresquismo.
A primeras horas del día, cuando los vendedores aún preparaban el género, extendiéndolo con sumo cuidado, ya empezaron a acercarse a esta feria popular de antigüedades los primeros curiosos, en su mayoría profesionales y entendidos, ávidos por conseguir piezas destacadas. El público profano se dejó caer mucho más tarde, bien entrada la mañana, cuando ya podía accederse a los beneficios del regateo.